viernes, 15 de octubre de 2010

Andrés Montes




  El día 27 de julio de 2005 viajé desde Bilbao a Donostia para asistir al segundo de los dos conciertos que Van Morrison dio ese día. Allí me encontré con mis colegas de VanHispano, no muy contentos con el concierto que acababan de presenciar (lo cual no era nada raro, porque son muy, pero que muy exigentes con The Man). 
  Al entrar en el Kursaal, vi que algunos de ellos charlaban amigablemente con alguien cuya cara me sonaba pero a quien no podía poner nombre, hasta que caí en la cuenta de que se trataba de Andrés Montes, periodista, showman, buena gente y, lo mejor de todo, hermano en la fe de Van (la única casi verdadera).
  El concierto al que asistí, ya digo que era el segundo del día, tuvo sus altibajos, como casi todos los de Morrison en aquella época, pero ofreció un par de momentos, al menos para mí, sublimes: The Way Young Lovers Do, de mi adorado Astral Weeks, y, especialmente, Little Village. No soy muy dado a expresar mi entusiasmo en los conciertos, pero cuando acabó Little Village, no pude evitar ponerme en pie y, con lágrimas en los ojos, romperme las manos aplaudiendo.
  Van también interpretó Days Like This, y como no he sabido encontrar un vídeo de Little Village en YouTube, sirva éste tema de homenaje a Andrés, de cuyo fallecimiento se cumple mañana un año.
  Obviamente, esta versión es muchísimo mejor que la que yo escuché en Donostia, aunque sólo sea porque en el vídeo le acompañan Brian Kennedy, Pee Wee Ellis, la increíble Candy Dulfer, Matt Holland (aún con pelo), Geoff Dunn...

When it's not always raining
there'll be days like this
When there's none complaining
there'll be days like this
Everything falls into phase
like the flick of a switch
Well my momma told me
there'll be days like this


jueves, 14 de octubre de 2010

Famosas Últimas Palabras



"TranquilaAAAAHHHH... cariño... que yo... controloooOOOOOOOOOHHHHHHHHH!!!!!!"


(Mateo Sistiaga Muñozgorri, segundos antes de fallar miserablemente en su archicontrolada marcha atrás... y nueve meses antes de que "cariño" diese a luz la hermosa criatura que podemos ver a la izquierda)

miércoles, 13 de octubre de 2010

And the Oscar goes to...


Autobiografía (no autorizada) de un idiota 
[Fragmento]



Eran las cuatro y media de la tarde cuando terminé de apurar los posos del café que había rematado una opípara comida. Poseído por un furibundo ataque depresivo, no había tenido valor para abrir el congelador y enfrentarme a la montaña de cadáveres de crustáceos congelados que guardaba desde la Guerra del Golfo. 
Por eso, había decidido bajar a desayunar a la calle pero, al darme cuenta de la hora que era, terminé comiendo en el chino de siempre.
El menú había sido el habitual: gambas agridulces, chop-suey de ternera, pollo al curry y ternera en salsa de ostras. Todo ello acompañado de pan chino y bien regado con abundante claro de la casa, reserva del año anterior. De postre, nada, sólo un café con hielo del que rebañé golosamente el azúcar que nunca se disolvía.
«Puta manía que tienen en todas partes de echar el hielo antes que el azúcar—pensé—. Y, encima, terrones.»
En aquel momento de sosiego, con el décimo cigarrillo del día entre los dedos, me vino a la cabeza mi eterna fantasía: escribir una novela. Ya lo decía Tom Wolfe: lo que todo periodista ansía es escribir una novela, venderla como churros y retirarse a una mansión palaciega al borde del mar a tocarse los huevos a dos manos el resto de la vida.
¡Y cómo me gustaban las que describían con minuciosidad las comidas que degustaban los protagonistas! Nada aportaba más al ambiente de una narración que un sutil toque gastronómico.
Me encantaban las novelas de Manolo Vázquez Montalbán, con sus recetas y sus quemas de libros, y eso que no se recreaba demasiado en descripciones alimenticias, porque había cada uno...
La (in)sana envidia me corroía, porque yo nunca tenía tiempo de escribir la obra soñada, salpicada de rollitos de primavera, chop-sueys de gambas, familias felices y postres especiales de la casa, con sombrillitas de papel y todo.
Un día de estos tendría que tomarme un año sabático para ponerme manos a la obra y forrarme el riñón con las ventas millonarias del apasionante thriller gótico "Tallarines sangrientos con salsa de soja agridulce".
La historia incluso podría llevarse al cine, con Almodóvar como director y su afamada cuadra de actores y actrices en los principales papeles. Yo no creía que Saura se interesara en el tema, decididamente no era su estilo, y me negaría firmemente a que Elías Querejeta pusiera sus manos en el proyecto. Faltaría más.
Estaba recogiendo un par de estatuillas del tío Oscar cuando el camarero me interrumpió con la cuenta.
«Prosaica realidad...—rumié para mí—. Si se llega a retrasar un poco, al menos les habría largado el discurso que tenía preparado. Y en inglés auténtico, no como el Garci...»


martes, 12 de octubre de 2010

Resistencia heroica

A juicio de su abogado, el acusado, X. Y., mayor de edad y presunto autor de tan abominable delito, había sido provocado por su víctima, M. Pérez, hasta límites más allá de lo que cualquier ser humano sería capaz de soportar. Tanta ostentación, tanto contoneo seductor, habrían hecho perder la cabeza a X. Y. y a cualquiera.
En el transcurso de la vista oral, la defensa realizó una minuciosa reconstrucción de los hechos, aportando datos incontrovertibles sobre la inocencia de su cliente. En primer lugar, el supuesto delito había tenido lugar a plena luz del día, eran las once y catorce minutos de la mañana, en el mismo centro de la ciudad, y con la presencia de no menos de una docena de testigos.
Al ser preguntados, éstos reconocieron que M. Pérez había intentado defenderse, al tiempo que gritaba en demanda de auxilio, aunque, según su criterio, sin excesiva convicción:
«En ningún momento me pareció que la integridad física de M. Pérez estuviera en peligro, y por eso no intervine.»
«Sí, claro que gritaba, pero me dio la impresión de que lo hacía porque eso es lo que se supone que hay que hacer en estos casos.»
«Así no se debe ni se puede salir a la calle; luego pasa lo que pasa...»
«Defenderse, lo que se dice defenderse, M. se defendió, aunque no demasiado. Podía haber hecho más.»
Una vez oídas las declaraciones de los testigos, el abogado defensor describió con minuciosidad la indumentaria, provocativa y provocadora, de la supuesta víctima el día de autos: conjunto de chaqueta y pantalón de cuero negro que se ajustaba como un guante al cuerpo de M. Pérez, dos gruesas cadenas de oro en torno a su cuello, reloj Cartier en la muñeca y un anillo con oro suficiente como para fabricar un par de dentaduras.
El fiscal aportó como pruebas la cartera de M. Pérez, las gruesas cadenas que la víctima lucía aquel día en torno a su cuello, el reloj Cartier y el anillo con oro, objetos que habían sido encontrados en el domicilio de X. Y., dentro de una bolsa de plástico, bien ocultos debajo de un baldosín de la cocina. A continuación, presentó el parte médico redactado por el facultativo que atendió a M., en el que se detallaban los golpes y erosiones sufridos por él y ocasionados por el presunto agresor.
«Protesto—tronó el abogado de X. Y.—. Esas lesiones fueron producto de las efusiones propias de estos casos.»
A preguntas de la acusación particular, M. Pérez declaró que había intentado defenderse, siempre dentro de sus posibilidades, sobre todo teniendo en cuenta su menor fuerza y corpulencia en comparación con X. Y. y el hecho de que éste dijera que le pegaría cuatro puñaladas si no accedía a sus pretensiones.
Llamado al estrado de los testigos, X. Y. relató que M. Pérez le había incitado, con su mirada sugerente y su atuendo tan llamativo, a hacer lo que hizo. Además, ni se resistió, ni nada. «Yo creo que hasta le gustó», concluyó con una beatífica sonrisa.
En sus conclusiones, el fiscal solicitó un veredicto de culpabilidad para X. Y., en tanto que el abogado de éste pidió la libre absolución de su defendido, argumentando que M. Pérez le había provocado con su actitud y que, además, no había ofrecido la resistencia suficiente, una resistencia heroica dijo textualmente, como para que los hechos pudieran ser considerados delito.
Oído lo cual, el jurado se retiró a deliberar.
Días más tarde se hizo pública la sentencia. En ella se desestimaban todas las alegaciones de la defensa, en especial la exigencia de una heroica resistencia por parte de M. Pérez. 
En consecuencia, X. Y. fue condenado a varios años de cárcel como autor de un atraco con arma blanca, siendo obligado, además, a indemnizar a su víctima por las lesiones causadas, de las cuales tardó cuatro días en sanar.
Porque la M. era de Manuel, no de María. Porque X. Y. estaba acusado de atentar contra la sacrosanta propiedad privada, no contra la libertad —sexual, por ejemplo— de su víctima. 
Porque, a veces, la justicia no es un cachondeo, es... otra cosa.


lunes, 11 de octubre de 2010

El Resplandor

Con motivo del 30 aniversario del estreno de la película El Resplandor, el Festival de Cine de Sitges ha decidido rendir un homenaje a dicha película y, de paso, a su director, Stanley Kubrick. Quienes me conocen, pobrecitos ellos, saben del aborrecimiento extremo que me provocan tanto el director como la obra objeto del homenaje. Por ello, me he decidido a rescatar del olvido algunos textos que mi alter ego escribió al respecto en una lista de correo llamada KingHispano (sí, no es difícil adivinar que en esa lista se dan cita fieles lectores de Stephen King a muchos de los cuales, sin que yo sepa todavía por qué, les gusta El Resplandor).
Sin tele y sin cerveza, Homer pierde la cabeza
Personalmente, prefiero la versión de Los Simpson…
Una precisión más: se verá a lo largo de las líneas que van a continuación que siempre, siempre, siempre, mi Doctor Jekyll particular se refiere a la película como El Resplandor de Kubrick, porque cualquier parecido con el libro original de King no sólo es pura coincidencia sino un error involuntario del señor Kubrick.

¡Ah! Sentaos cómodos que esto va para largo…


KingHispano, 16 de mayo 2000

El próximo día 23 de mayo se cumplen 20 años del estreno de la versión que Kubrick hizo de El Resplandor. Con este motivo, la revista española Cinerama ha publicado un artículo especial de siete páginas que resume las idioteces que se pueden decir cuando la admiración paleta y reverencial se impone al análisis racional. Y digo esto porque el propio autor del artículo (plagado de loas sin fin a Stanley Kubrick y su infumable película) se contradice a sí mismo en numerosas ocasiones.
Por ejemplo, como no podía ser menos, afirma que cuando se estrenó la versión de TV de El Resplandor «la crítica la vapuleó, dando la razón a quienes dicen que la película de Kubrick es mejor que la novela de King». No entiendo el silogismo pero...
O también, «ésta es una de esas raras ocasiones en las que la película es incluso mejor que el libro».
Como no se puede pensar que el genio entre los genios pueda cometer un error, se dice: «En una escena, Jack se da cuenta de que su  mujer está tratando de leer sobre su hombro lo que está escribiendo, por lo que arranca la hoja y la tira al suelo. Cuando Wendy se marcha y Jack empieza a escribir otra vez, hay una cuartillla nueva en la máquina. Kubrick no solía cometer este tipo de errores, por lo que lo más probable es que tratara de simbolizar que el hotel está alimentando la máquina de Jack»
Esta interpretación servil se contradice con esta otra presente en el mismo artículo: «En la novela, el hotel era responsable de la locura de Jack, pero Kubrick lo veía de un modo completamente distinto: El Resplandor era la historia de Jack, el origen del Mal estaba en su interior, y todo lo demás estaba en segundo plano».
¿No era el hotel quien alimentaba la máquina de Jack?

¡¡¡GENIO!!!
Pero la incompetencia de Kubrick para el género del terror (y la del autor del artículo para entender lo que es obvio) está aquí: «...logró una de las películas más terroríficas de todos los tiempos. Basta fijarse en la escena más recordada por todos los cinéfilos: Wendy escondida en un rincón del baño, chillando mientras Jack derriba la puerta con un hacha. En cualquier otro film, Wendy se hubiese encerrado en el baño y, cuando el público y ella se hubiesen sentido seguros, el hacha habría traspasado la puerta de improviso, garantizado el susto para todos. En cambio, él nos muestra a Jack con el hacha al otro lado de la puerta, y cuando empieza a destrozarla, Wendy grita, pero la audiencia no, porque ya saben lo que va a pasar»
Es decir que, algo que destroza por completo las convenciones del cine de terror, convenciones que entiende hasta mi hija de 11 años, se convierte en el gran mérito para que El Resplandor de Kubrick se haya convertido en la película más terrorífica de todos los tiempos. Personalmente, no sé quién es más impresentable, si Kubrick o el corifeo periodista.
Me apunto a la crítica que publicó Variety cuando se estrenó la película: "Si la interpretación de Nicholson es lo que Kubrick quería después de 50 tomas, es imposible imaginar el aspecto que tendrían las 49 anteriores"
O a la opinión del propio Stephen King: "Kubrick quería hacer una película de horror, y lo que ha hecho es un film sobre el vacío total. Es el error de un hombre que está tan seguro de que es incapaz de equivocarse que ha hecho una película de un género que no comprende"
Esta opinión, ¡¡¡oh sorpresa!!!, es compartida por el mismísimo autor del reportaje, Miguel Ángel Prieto: «El mayor problema de El Resplandor es que Kubrick se enfrentaba a un género que no dominaba y, quizá por primera vez en su vida, no estaba seguro de lo que quería»
Una última cosa: Miguel Ángel Prieto habla «del patético doblaje español [de Shelley Duvall] perpetrado por Verónica Forqué, motivo aún de pesadillas recurrentes entre muchos cinéfilos», pero se cuida mucho de señalar que los actores que doblaron la película fueron escogidos PERSONALMENTE por el mismísimo Kubrick, y que el doblaje fue dirigido por Carlos Saura pero supervisado PERSONALMENTE por el genio entre los genios.
Si Kubrick quería "reinventar" el género (algo completamente innecesario porque, para qué arreglar algo que funciona), que se hubiese fijado en la original Cat People (Jacques Tourneur, 1942), que, entre muchas otras, contiene una escena absolutamente aterradora en una piscina en la que no se ve absolutamente nada que asuste, sólo un mágico movimiento de cámara simulando seguir el caminar de una pantera alrededor de la piscina, pero que te pone la piel de gallina y te hace agarrarte a la butaca hasta dejarte las uñas. ESO SÍ que es cine de terror, y no los vacuos fuegos artificiales de un megalómano pagado de sí mismo como Stanley Kubrick.


KingHispano, 28 de noviembre de 2001

Veo que, como sucede cíclicamente, ha vuelto a comentarse en Kinghispano la espantosa película del megalómano e insoportable Kubrick, director hipervalorado por sus seguidores fanáticos, que son legión, e igualmente denostado por sus detractores que, modestamente, también somos muchos.
Lo que más me incomoda de los comentarios sobre su versión libre, libérrima, de El Resplandor, es eso de que si tomamos la película como una adaptación, es horrible, pero si la consideramos como una película en sí misma, sin tener en cuenta el libro de King, es una obra maestra.
Dejando a un lado que, en los últimos tiempos, hay tantas obras maestras que ya no quedan obras alumnas, tengo que volver a repetir que, como película de terror, El Resplandor es un horror. Y no porque dé miedo, sin por todo lo contrario. De la misma forma que, para hacer reír, hay que seguir unas normas claras, unas convenciones, para producir miedo (o cuando menos provocar algún sobresalto que otro), es preciso hacer lo mismo. Puedo conceder que El Resplandor es un buen ejercicio de estilo visual (como lo es la plomiza y soporífera 2001), pero jamás una película de terror.
¡¡¡Qué horror... de actriz!!!
¿Terror psicológico? ¿Qué demonios hay de eso en la película de Kubrick? A no ser que nos refiramos con ello a las interminables masturbaciones mentales del bueno de Stanley y su afán por intelectualizarlo todo, por dejar su impronta de genio entre los genios con sus sesudas imágenes (estúpido plano final incluido). Y es que ni siquiera un mísero susto que te haga palpitar el corazón se obtiene de esa película, porque Kubrick ya se encarga de que VEAMOS TODO antes de que suceda, con lo que la adrenalina no corre por nuestro organismo. Yo sé que Jack va a asustar a su mujer porque el propio Kubrick se ha encargado de MOSTRARME con su cámara cómo se acerca a su espalda. Y sé todo lo que va a pasar porque desde el inicio Jack Torrance está tan loco que no puede pasar otra cosa que lo que pasa. Aunque no hayas leído el libro, la película es tan transparente que nada más empezar ya sabemos cómo va a terminar, sin remedio y sin posibilidad de sorpresa.


KingHispano, 11 de abril de 2002

Efectivamente, yo dije una vez que El Resplandor de Kubrick podría ser una buena película, pero nunca podría ser una buena película de terror gracias a la manía de los grandes "genios" del cine de "reinventar" los géneros. Nos guste o no, los géneros cinematográficos son lo que son y son como son, y un intento de reinventarlos a lo bestia, si se me permite la expresión, no hace sino desvirtuarlos.
He leído que a muchas personas El Resplandor de Kubrick les asustó, pero no es mi caso. Además, me indignó tanta "genialidad visual", tanto recurso barato para la galería. Y si hablamos de películas de verdad angustiosas, hablemos de Johnny cogió su fusil; y si se trata de películas que de verdad provoquen miedo, hablemos de la primera versión de Cat People, la de Tourner, no la horrible protagonizada por Nastassja Kinski.
En el género de terror, Kubrick debería aprender de Hitchcock y sus famosos McGuffins: presentarte algo obvio, MUY obvio, en pantalla para luego sorprenderte con un desenlace absolutamente inesperado.


KingHispano, 13 de abril de 2002

Cada vez que me acuerdo de la payasada de Hallorann se me revuelven las tripas. Eso de hacer viajar al cocinero miles de kilómetros, desde Miami hasta las montañas de Colorado, para morir de un hachazo nada más pisar el Overlook, me resulta patético.
La figura de Hallorann tiene mucha más importancia que la que Kubrick le otorgó, haciendo que no fuese sino un chófer de lujo que llegase al hotel con un vehículo para que escapasen de allí la mujer de Torrance y el niño. En la película, ése y no otro es el motivo de que Hallorann viaje hasta Colorado: llevar un vehículo para la nieve puesto que los que allí había estaban estropeados.


KingHispano, 24 de julio de 2002

El Resplandor de Kubrick: a pesar de que aborrezco intensamente esta película, nunca he negado que pueda ser una buena película. Eso sí, lo de obra maestra lo dejaremos aparcado para otra ocasión. Lo que siempre he negado es que sea una buena película de terror. Aún más: niego rotundamente que sea una película de terror.
Si te gusta el cine "para listos" hecho "por listos", El Resplandor de Kubrick es tu película. Si quieres salir del cine sin haberte enterado de que carajo iba la película que acabas de ver, te recomiendo que veas esta película. Si lo que quieres es ver una película que dicen es una reinvención del cine de terror pero sin nada de terror en ella, la mejor es El Resplandor de Kubrick. Si a Maleficio se le veían las costuras del maquillaje, a El Resplandor de Kubrick se le ven las costuras del alma, porque el señor Kubrick no tenía ni la más puñetera idea de cómo hacer una película de terror y decidió, llevado de su megalomanía, reinventar el género. Y así le quedó. Mejor le hubiese ido si se hubiese ajustado a los cánones y convenciones del género de terror en lugar de parir un pastiche intelectualoide en el que el terror brilla por su ausencia.
¡¡¡Que se calle, por favor!!!
Perdón, el terror si está presente, pero de forma involuntaria me temo, en la sobreactuada presencia de un Jack Nicholson más desatado que nunca; en la patética actuación de Shelley Duvall (yo deseaba hacer como la protagonista de La Rosa Púrpura del Cairo, meterme en la pantalla armado de un Kalashnikov y acabar de una vez con los chillidos porcinos de la mujer aquella); y si se ha visto la película en la versión doblada al español, doblaje supervisado personalmente por Kubrick, el horror infinito de escuchar a Verónica Forqué poniendo la voz a Wendy Torrance y a un tipo de quien no recuerdo el nombre, gracias sean dadas al altísimo, que farfullaba sin sentido ni entonación las frases de Jack Torrance.
Sencillamente, patéticos.


KingHispano, 22 de noviembre de 2006

Dijo Roberto Guzman ÿffffae: "He intentado ver El Resplandor, pero por razones ajenas a mi nunca la he visto completa (me quede dormido la  primera vez, lo se, fue un sacrilegio de mi parte :(, y la segunda vez que la estaba viendo se fue la luz :P)"
Pues si te refieres a la película de Kubrick, yo que tú no intentaba verla por tercera vez. Haz caso a tu subconsciente que te hizo dormir beatíficamente la primera vez y dale las gracias a la compañía eléctrica que te salvó del peligro la segunda. Nunca mejor que en ese momento se pudo aplicar el refrán de no hay mal que por bien no venga.
No tientes a la suerte, no sea que a la tercera ni te duermas ni se vaya la luz. Ojalá yo no hubiese tenido la desdicha de ver esa porquería asquerosa malparida por Stanley Kubrick.


KingHispano, 12 de diciembre de 2009

Expliqué unos cien millones de veces (y eso sin exagerar) por qué El Resplandor de Kubrick me parece una inmensa inmundicia como PELÍCULA DE TERROR. Lamento que, para los recién llegados, esas explicaciones no signifiquen nada porque se publicaron hace mucho tiempo y no las han leído. Como me da una pereza de espanto volver a repetirlas (y me siento incapaz de buscar esos correos en Yahoo), baste con una muestra que resume perfectamente la ineptitud del "genio" Kubrick a la hora de abordar una película de terror.
Ella no sabe. Nosotros, sí...
Cuando la mujer de Jack Torrance (espantosamente interpretada por Shelley Duvall y aún más horriblemente doblada al español por Verónica Forqué, actriz (?) expresamente elegida por el amigo Stanley para tal cometido) está frente a la máquina de escribir leyendo lo que Jack ha escrito, todos los espectadores se IMAGINAN que el tarado de su marido aparecerá para darle/darnos un buen susto. Lo que no se esperan (ni necesitan) es que el incompetente director NOS MUESTRE a Jack Torrance mientras se acerca por la espalda de la desprevenida mujer. Eso, en términos del cine de TERROR es un completo y absoluto disparate que arruina todo el clímax creado.
Lo que Kubrick hace en esta escena, es como si Hitchcock, en la escena de la ducha de Psicosis, hubiese insertado planos de Norman Bates vestido con la ropa de su madre acercándose a las cortinas del baño con un cuchillo en la mano.
Si un personaje va a abrir una puerta, podemos intuir que hay alguien al otro lado con malas intenciones... o tal vez no. En eso consiste el mantener al espectador en suspenso. Si mostramos el otro lado de la puerta, con asesino o sin él, el suspenso, la tensión, se va a hacer puñetas.


Famosas Últimas Palabras





"Señores pasajeros, relájense y disfruten del plácido aterrizaje que se va a producir en unos instantes. Gracias por volar con nosotros y que tengan una feliz estancia en New Jersey."


(Capitán Max Pruss, comandante del LZ 129 Hindenburg, a las 19:25 horas del 6 de mayo de 1937)